lunes, 5 de octubre de 2009

La Primera

Otro día más dentro de mi inadecuada monotonía. Olvidé decir aburrida. No, no lo olvidé, porque lo acabé de decir. No importa, no me importa, porque eso quiero pensar. Una clase mas, una clase menos, realmente no me importa si falto a esta o falto a la siguiente, es más entretenido sentarme aquí solo en este banco donde estoy acompañado de todos los transeúntes que no se imaginan lo que pasa por mi mente. No lo saben, nadie lo sabe, y esos que saben, se quedan callados, porque también saben que no quiero que me lo digan.

Hoy haré algo distinto, y no me refiero a escapar de la monotonía, sino a crear una nueva. ¿De qué sirve salir de una si entras a otra? No lo sé, pero es al menos algo distinto. Ahora a elegir a mi primera víctima. No te preocupes, primera víctima, no te haré daño, no. Creo que te lo puedo prometer.

El pasó caminando en frente mío, vestía una chaqueta de color negra y camisa rosada debajo. Jeans ligeramente apretados de color azul algo claro. Zapatos negros como esos que yo quiero. El venía de su casa, acababa de llegar a la universidad y se le notaba en la cara, era ese cansancio y ese sueño tan normal en cualquiera que estuviese tan temprano en la universidad y, nada, preparado para un día de clase. Hoy tenia clase de microeconomía y después un parcial de matemática. No había terminado de estudiar para el parcial porque su novia había decidido tener un ataque emocional justo cuando él le dijo que se iba a estudiar. Sí, porque así era su novia, de esas bonitas, rubias y con ojos que cambian de color al tiempo que su humor, que en los últimos días parecía ser con más frecuencia que la del sol al salir por el este y ocultarse en el oeste. Y no, no es el sol quien se mueve alrededor de la tierra, pero para él, es la tierra quien se mueve alrededor de su novia. La ama. La ama honestamente y ella aun no lo comprende. O tal vez si lo hace, pero se lo niega, porque ella no lo ama a él. Ella ama a alguien mas pero no se a quien, tal vez ella tampoco lo sabe.

El sigue su camino al salón intentando pensar en los pasos para resolver una derivada de esas complicadas, pero la voz de su novia se sigue metiendo en el camino, en particular esas últimas palabras que le dijo antes de desconectarse del MSN, porque así era como hablaban anoche. El la quería y le partió el corazón leer cuando ella le decía que el no la quería a ella. ¿Pero ella que podía saber? Como podía saber ella lo que él siente. El se siente bien esta mañana, el se siente bien en su chaqueta negra y sus jeans ligeramente ajustados, pero teme no sentirse bien cuando llegue el parcial, teme no sentirse bien cuando llegue esta noche a la casa de su novia, porque la va a sorprender con un peluche que comprará después de el parcial de matemáticas, para decirle que si la quiere, que de hecho la ama, aun cuando ya lo ha dicho antes, pero lo que más teme es llorar cuando ella lo termine esta noche. El no lo sabe, pero lo siente, lo puede sentir y por eso lo teme, pero se lo niega, porque se lo ha negado a si mismo antes y una vez también a ella, cuando esa noche se arrodilló y lloró prometiéndole que cambiaria para ser todo lo que ella pudiese desear alguna vez.

El la ama y me siento mal por él. El desaparece detrás de los bloques al lado del auditorio y ya no lo puedo ver. Pero eso está bien, porque él nunca me vio a mí, y muy probablemente nunca lo hará. El se quitará la vida esta noche cuando su novia lo termine y no lo acepte una segunda vez. Me siento mal por él.

Estoy cansado, tal vez si debo ir a clase después de todo. Estoy seguro que si debo. Qué bueno que el deber no implica obligación. El querer tampoco lo hace, pero quiero un tinto bien caliente a esta hora de la mañana y eso iré a buscar.

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